Luciana Aymar: «Me veo muy diferente de Sydney 2000 a hoy»

Fue el partido que más disfruté, en el que mejor me sentí, con muchas emociones alrededor. Recién cuando faltaban diez segundos para que terminara me entregué a disfrutarlo a pleno. Había mucha presión ante Gran Bretaña: era dar el salto hacia uno de los objetivos más esperados. La verdad es que me emocionó mucho estar jugando en el Riverbank Arena. Vuelvo doce años atrás y recuerdo que no jugábamos en esta clase de estadios; se me cumplió el sueño de disputar una semifinal en un escenario impresionante.
De aquella final de Sydney 2000 a ésta de Londres 2012 me veo muy diferente. Por más que hace doce años yo ya me había ganado mi lugar en el equipo, era muy inconsciente de que estaba jugando una definición olímpica. En esa época sentía que estaba jugando en el Jockey Club con mis amigas. Quizás es la misma inconsciencia que tiene ahora Florcita Habif; la veo jugar y digo que es una bestia con apenas 18 años. Hoy soy muy mucho más grande, tengo otra experiencia, otra madurez y otra responsabilidad. Al mismo tiempo, el equipo de Sydney representó toda una sorpresa en su momento; los otros seleccionados no esperaban que la Argentina llegara a pelear por el título olímpico.
Acá en Londres, en cambio, veo a una Argentina sólida, que intenta jugar y que cuenta con jugadoras realmente muy parejas: todas son hábiles, todas son inteligentes para jugar, todas son buenas pasadoras y quitadoras, además de tener actitud. Aquel otro equipo de Sydney también lo tenía, por algo llegamos a la final olímpica, pero era distinto.
Más allá de estas cosas que rescato, no crean que no sentimos la presión: antes de entrar al estadio andábamos todas con dolores de panza. Pero siempre hablamos de la tranquilidad que debemos mostrar en la cancha. Cuando jugamos tranquilas nos pasamos la pelota y aparecen las individualidades, la magia, esa Argentina distinta. Y eso que anoche no jugamos sólo contra Gran Bretaña, sino contra todo un estadio. Había una presión extra; por momentos yo sentía el ruido de las tribunas y me parecía increíble. Así llegamos a la final que más queríamos, contra Holanda.

En su habitual columna para el Diario La Nación, la capitana expresó sus sensaciones por estar nuevamente en una final olímpica, recordando aquella de Sydney 2000 en donde nacieron Las Leonas y aseguró: «De aquella final de Sydney 2000 a ésta de Londres 2012 me veo muy diferente. Por más que hace doce años yo ya me había ganado mi lugar en el equipo, era muy inconsciente de que estaba jugando una definición olímpica».

Foto: Frank Uijlenbroek - FIH

Foto: Frank Uijlenbroek - FIH

Fue el partido que más disfruté, en el que mejor me sentí, con muchas emociones alrededor. Recién cuando faltaban diez segundos para que terminara me entregué a disfrutarlo a pleno. Había mucha presión ante Gran Bretaña: era dar el salto hacia uno de los objetivos más esperados. La verdad es que me emocionó mucho estar jugando en el Riverbank Arena. Vuelvo doce años atrás y recuerdo que no jugábamos en esta clase de estadios; se me cumplió el sueño de disputar una semifinal en un escenario impresionante.

De aquella final de Sydney 2000 a ésta de Londres 2012 me veo muy diferente. Por más que hace doce años yo ya me había ganado mi lugar en el equipo, era muy inconsciente de que estaba jugando una definición olímpica. En esa época sentía que estaba jugando en el Jockey Club con mis amigas. Quizás es la misma inconsciencia que tiene ahora Florcita Habif; la veo jugar y digo que es una bestia con apenas 18 años. Hoy soy muy mucho más grande, tengo otra experiencia, otra madurez y otra responsabilidad. Al mismo tiempo, el equipo de Sydney representó toda una sorpresa en su momento; los otros seleccionados no esperaban que la Argentina llegara a pelear por el título olímpico.

Acá en Londres, en cambio, veo a una Argentina sólida, que intenta jugar y que cuenta con jugadoras realmente muy parejas: todas son hábiles, todas son inteligentes para jugar, todas son buenas pasadoras y quitadoras, además de tener actitud. Aquel otro equipo de Sydney también lo tenía, por algo llegamos a la final olímpica, pero era distinto.

Más allá de estas cosas que rescato, no crean que no sentimos la presión: antes de entrar al estadio andábamos todas con dolores de panza. Pero siempre hablamos de la tranquilidad que debemos mostrar en la cancha. Cuando jugamos tranquilas nos pasamos la pelota y aparecen las individualidades, la magia, esa Argentina distinta. Y eso que anoche no jugamos sólo contra Gran Bretaña, sino contra todo un estadio. Había una presión extra; por momentos yo sentía el ruido de las tribunas y me parecía increíble. Así llegamos a la final que más queríamos, contra Holanda.

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Por Luciana Aymar para La Nación
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